lunes, 22 de junio de 2009

Desmintiendo ideas descabelladas.


Muchos hombres odiarán este post porque destruiré lo poco que tenía de bueno el ser pelado. Es clásico ver a más de alguno jactarse de su poderío sexual, su condición de macho alpha, al vincular “científicamente” la calvicie con una gran cantidad de testosterona. Les cuento sin asco que es mentira.

A pesar de haber cierta relación entre la famosa hormona y el calvario masculino (el equivalente a la celulitis en las féminas), el alto nivel de testosterona no afecta en absoluto la líbido. Es decir, no te hace ni mejor, ni peor en el sexo. Un nivel bajo, en cambio, sí produce una disminución del apetito sexual e incluso, la disfunción eréctil. Así de crudo lo cuentan diversos estudios clínicos publicados en la revista “International Journal of Clinical Practice”.

La pequeña dignididad que tenía la calvicie queda bajo tierra. Y en su funeral nosotros, los hijos y nietos de pelados, nos preguntamos, con el pesar demostrado que significa ser calvo (sólo un 3% de las mujeres gusta de ellos), qué nos quiso decir la naturaleza cuando nos escogió como víctimas del apocalipsis capilar.

viernes, 19 de junio de 2009

La mala suerte.


Los científicos deberían buscar una causa biológica o ambiental para la mala cuea, porque hay casos que de verdad son de estudio, pues ya no se tratan solamente de un historial de caídas y fracturas (Por ejemplo, yo me esguincé 23 veces el tobillo derecho). Hay gente que pareciera ser propensa a las caravanas de gatos negros.

Es el caso de Pablo Pérez, el joven indigente que fue víctima de una paliza en un mall plaza por parte de los guardias. Este pobre hombre (porque de verdad no sé qué otro calificativo ponerle), luego de este hecho que se hizo público (gracias, oh gran youtube) y los inculpados fueron sancionados, se fue a mochilear con dos amigos hacia el norte. Pero el tema no termina allí. Cuando pasaban por Los Vilos, donde seguramente estuvieron de carrete un par de días, los acusaron de robo con intimidación. El hecho salió a la luz en Mayo, los medios le sacaron el jugo posible, se supo que los tres amigos estaban en prisión preventiva, lágrimas de los familiares y ahí quedó el tema.

Resulta que hoy en la mañana me enteré (a través de chilevisión) que este supuesto robo con intimidación resultó ser falso, y los inculpados estuvieron tres meses en la cárcel injustamente. Dos de los tres amigos salieron libres, pero Pablo tuvo un nuevo ataque de mala suerte y siguió en prisión por no presentarse a tribunales a causa de una demanda por beber en la vía pública. ¿Cómo iría si estaba ya preso? Son los extraños vacíos de la justicia chilena, pero en este caso ya resulta cómico que justo él, golpeado por 5 guardias en un mall, víctima de las risas de todo el mundo, luego acusado injustamente de robo con intimidación, se tenga que quedar en cana por “rebeldía”.

Me pregunto, qué ha hecho este tipo para qué la nubecita negra lo siga a todos lados. Yo lo mandaría a Harvard para que le estudien los cromosomas, a ver si existe algún tipo de predisposición genética, o algo por el estilo. Porque de verdad, como dijo el mismo amigo en la noticia “Un machitún le queda chico”.

Saludos a Pablo.


Vea la noticia en: http://www.chilevision.cl/home/index.php?option=com_content&task=view&id=179680&Itemid=180

jueves, 18 de junio de 2009

Placeres culpables

Uno siempre intenta proyectar una imagen hacia el exterior. Incluso para nosotros mismos. Se reconozca o no, el ser humano necesita aferrarse a una identidad para sostenerse. Una actitud ante la vida, llámese rudeza, femineidad, rectitud, ternura, ambigüedad, romanticismo, intelectualidad, irreverencia, y tantas más que se reconocen en la corriente vertiginosa de las sociedades.

Dicha actitud lleva consigo una forma más menos reconocible de vestir, una música que escuchar, lugares que frecuentar. En fin, un estilo de vida con todas sus leyes. Y no me mientan, TODOS estámos atados a esas imágenes para sustentar el ego.

Pero como somos humanos, capaces de cuestionar, contradecir y contradecirnos. Como la diversidad es algo infinito y todos escapamos en algún sentido a nuestros propios modelos de conducta, tenemos, dentro de esa escapatoria, un mundo llamado “Los placeres culpables”.

¿Nunca pillaron al típico vecino metalero escuchando Ricardo Arjona? O no se imaginaron que la santurrona del curso quizá tenía una buena colección de revistas porno. Tal vez el colega seriote , frecuentador de cafés literarios, va una vez al mes a bailar a la k-masú, o ve Yingo. Y lo chistoso de esto, es que ninguno le cuenta a sus pares estos hábitos.

Yo tengo miles de placeres culpables. No los confesaría todos porque perderían ese sabor medio prohibido. Pero diré que, por mucho que despotrico contra los temas vacíos, contra la necesidad de inmiscuirse en la vida de los demás y cosas por el estilo, soy realmente adicto a canales como Mtv y E!. Pierdo bastante tiempo en ellos pero no puedo dejarlos.

¿Y tú, qué placer culpable tienes?

miércoles, 17 de junio de 2009

La señora de los gatos

He conocido personas que tienen cierta obsesión con los animales. Cínicos solitarios que por su orgullo para con el mundo – el clásico ser que despotrica contra la humanidad, jactándose de una superioridad moral bastante patética- se quedan irremediablemente abandonados. La verdad es que si hay algo peor que un egocéntrico, un ignorante, un flojo rematado o un amarrete, son esos que juntan todas estas cualidades pero que por alguna extraña razón, sólo son capaces de atribuírselas a los demás. Y como gatos y perros no toman nota de esto, terminan estos pobres animales viviendo con dichos humanos.

Me llama la atención el caso de esta señora que fue multada por vivir con 3 gatos en un departamento donde el reglamento interno prohibía dicha convivencia. Es extraño porque, en primer lugar, cualquier persona con cierto tino, si es amante de los animales, preguntara si existen problemas con la situación en cuestión. En caso de haberlo hecho, uno igual consulta el reglamento escrito (porque las leyes consuetudinarias terminaron hace unos cuantos milenios) y verifica. Ahí recién uno ve si se muda o no al edificio. De lo contrario, es como no preguntar por el precio de los gastos comunes y luego alegar contra ellos. Además que es sabido que las leyes de copropiedad sufren de vacíos legales contundentes y, para empeorar, nadie ha hecho nada para cambiar eso, pero no va al caso (completamente).

Por otro lado, es particular que su llegada a la penitenciaría haya estado acompañada de pancartas de liberación animal, y grupos por el estilo. No tiene mucho que ver el salvar ballenas y vivir con gatos. Hay cosas más trascendentales que un escándalo mediático producido por una que pinta de mártir a causa de algo tan mínimo y simple como problemas con el vecino. Me pregunto cuál habrá sido la reacción de María Cristina Gaete cuando recibió las quejas. O cuál habrá sido el estímulo de este hombre para presentar semejante denuncia (quizá los dos competían por un puesto en la popularidad del edificio, y de paso, en los medios). Habrá sido algo como “Doña Cristina, sabe que la caca de sus gatos es hedionda y quiero pedirle que se ocupe de eso o sino presentaré una queja…” a lo que esta respondería “Déjate de molestarme, huevón maniático, son mis gatos y te aguantai no más”. O un “Oye vieja de mierda tus gatos me tienen enfermo, voy a demandarte” y una respuesta como “no por favor no lo hagas, son mis niñitas”.

En cualquier caso, el tema es muchísimo más simple de lo que se pinta. No tiene que ver con maltrato animal, ni con derechos éticos, ni con un odio directo hacia los animales. Se resume a un hecho tan sencillo como leer los reglamentos, la letra chica, antes de adquirir cualquier propiedad.

martes, 16 de junio de 2009

La voluntad de poder.



El mundo inevitablemente te bombardea. Por mucho que intente mantenerme al margen de asuntos como la política, es imposible no enterarme del panorama actual. La cosa al parecer gira en torno a 3 nombres: Sebastián Piñera, Eduardo Frei y Marco Enriquez-Ominami.

Resulta curioso que estas candidaturas parecieran carecer de propuestas y más parecen dejar entrever las intenciones semiocultas de la política en general: La voluntad de poder.

Campañas mediáticas, dichos sobre candidatos, peleas entre y dentro de las coaliciones, un repentino interés por la unión civil entre personas del mismo sexo (a excepción de Ominami, que siempre abogó por este tipo de leyes) y un sinfín de intentos por apocar la candidatura del otro.
Llama la atención, por ejemplo, que la concertación no ataca al “díscolo” por sus ideas (que pueden resultar buenas o malas, no va al caso) sino por una inminente derrota ante la derecha a causa de su candidatura. Es decir, no importa qué es lo que quiera Marco, Piñera o Frei para el pueblo, lo importante es qué bando esté a la cabeza.

Invito a las personas a que reflexionemos sobre esto, sobre quienes nos pretenden gobernar (tanto personas como equipos). Es común escuchar entre nuestros pares el típico rezo de “los políticos prometen y después no cumplen”. El problema es que ahora ya ni siquiera se están ocupando de prometer algo, como si fuese una obviedad que la masa es inerte y sólo busca una cabeza que los guíe hacia el abismo.

¡No dejemos que nos traten como idiotas!

lunes, 15 de junio de 2009

Engañosos porcentajes.



Hace algunos días leí un artículo en publimetro que hacía notar la baja participación laboral de la mujer en Chile, comparada con la tendencia general en Sudamérica. Decía que sólo un 40% de las chilenas trabajaba, contra el 53% en la mayoría de los integrantes del cono sur. Este tipo de estadísticas podrían despertar cierta alarma en los organismos que velan por los derechos laborales de la mujer, la igualdad entre géneros y la no discriminación. Es entendible, pareciera que la tendencia femenina en nuestro país es ser amas de casa.

Antes de juzgar, debemos reflexionar sobre ciertos puntos. Me pregunto cuántas mujeres de ese 53% son profesionales, tienen un trabajo bien remunerado, un contrato justo, y un puesto alto en una empresa. Hay que analizar la realidad de un país como Colombia, donde un alto porcentaje de mujeres son madres solteras, analfabetas o con escolaridad incompleta, y su “participación laboral” está, principalmente, en puestos donde son víctimas de un trato negrero (botoneras en fábricas, temporeras, personal de limpieza).

En ese sentido, aquel 53% no denota una mayor apertura de la sociedad latinoamericana para contratar mujeres, o un mejor trato para con ellas. Esa cifra declara, cuando se somete al análisis, que la mujer aún sufre de pésimos tratos discriminatorios, los cuales son camuflados por contratos engañosos.

La realidad en Chile dista bastante de la realidad latinoamericana. Eso se puede ver en todos los ámbitos. Pero es crucial resaltar que hoy en día (sin olvidar que aún existen considerables diferencias de sueldo y trato entre hombres y mujeres) las universidades y oficinas cada vez tienen más presencia femenina. Cada día en este país, la mujer tiene mayores probabilidades de obtener un puesto de gerencia en grandes empresas (como Líder, por ejemplo). Las chilenas tienen en su mayoría escolaridad completa, un gran número son profesionales o empresarias autodidactas.

Hay que abrir los ojos, ese 40% es menos de la mitad de las chilenas. Aún así, un buen número de ese porcentaje tiene un trato laboral decente y un sueldo justo. Son personas preparadas para enfrentar su rubro, trabajando por el placer de ejercer, o por el valor de emprender.
De cualquier forma, es obvio que aún existen mujeres maltratadas laboralmente en Chile, pero son muchísimas menos que en todo Latinoamérica y cada vez aquella cantidad disminuirá. En 20 años, ojalá ya no hablemos de la presencia laboral de la mujer. Espero que el porcentaje se refiera a las mujeres que son profesionales, que están felices con su trabajo. Y que obviamente, se sientan realizadas con lo que han hecho.

jueves, 11 de junio de 2009

El fútbol y yo.

Hoy es un día extraño. Bueno, en realidad, para mí todos los días lo son. Pero este tiene la particularidad de que TODOS actúan raro. ¡La gente está toda de buen humor! Hoy llegué tarde a trabajar y nadie se enojó. En la calle todos caminaban con cara de “buena onda, loco”. Ningún cabizbajo. ¿Qué pasó?

Claro, no entiendo nada porque a mí no me gusta el fútbol, no me interesa ni me afecta en absoluto. Con suerte sabía (porque ayer todos mis amigos, conocidos, compañeros y familiares) que jugarían ayer contra Bolivia. Pero de resultados, ni idea. Entonces, al salir, me encuentro con que hoy sólo para mí (y unos cuantos) es un día como cualquiera. Creo que nunca había visto tanta gente feliz en una micro.

Es un poco triste, porque no comparto ni la alegría ni puedo participar de la conversación que reinará toda reunión hasta el domingo (a menos de que se caiga un helicóptero en el congreso o algo por el estilo), porque no vi el partido, y mis conocimientos futbolísticos son casi nulos (sé que hay que meter la pelota dentro del arco contrario). De hecho, todo este clima me lleva a mi infancia de niño incomprendido que no sabía ni de autos ni de fútbol. Tampoco era afeminado, así que ni ese tilde tenía. Yo era el que en educación física, cuando el sargento-profesor hacía clases de fútbol, estaba de reemplazo de arquero (o sea, peor que lo peor). Nunca me importó mucho, pero a veces me gano un par de miradas, sobre todo con la típica pregunta “¿De qué equipo eres?”. Pareciera estar permitida cualquier respuesta menos un “No me gusta el fútbol”. La gente, sobre todo los hombres, se descoloca. No comprenden que yo no celebre cuando gana “La roja”. Yo no comprendo qué tiene de interesante.

Aún así, no atacaría este deporte de millones, que muchas veces pareciera reemplazar iglesias e ideologías. Me encantaría saber por qué es tan trascendental que gane la selección, cuál es la razón de esa locura que desata el triunfo. Por qué la gente le grita al televisor, por qué la palabra “Gol” es pronunciada con tanta euforia. Hey, entiendan, yo les pregunto desde fuera. ¡Exijo una explicación!